sábado, 12 de noviembre de 2011

Antes de caer

Fuimos con las perras a cazar flores silvestres con la luz rasante del ocaso. Muchas veces encontramos tesoros, maravillas de la visión que la cámara intenta guardar en su red...una mariposa blanca con extraños dibujos posada un segundo en mi mano…un colibrí detenido en el aire justo ahí delante …cuarenta loros yéndose en vuelo vertical de un viejo y seco árbol...una liebre corriendo una sombra…tres caballos distintos corriendo en la cima de la colina que vamos subiendo…una flor, una sola, del color del cielo, pequeña y de nácar sobre un cactus extraño en medio de la enramada seca…una semilla con forma de corazón pendiendo de una invisible tela en el aire entre las ramas…pequeños milagros…diminutas señales del mundo fantástico que nos rodea...y lo mejor siempre sucede cuando se agotan las pilas…o tardo tanto en sacar la cámara del estuche, encenderla, enfocar  y ya ha pasado…Ya estoy acostumbrada,  me río de la broma, no me dejo invadir de ninguna nostalgia ni tristeza, tengo  un pacto conmigo…hace frío de repente…las perras entienden todo, -vamos-  les digo, -ya llega el viento que se  lleva los colores, vamos pronto a la casa, a tomar algún rico té calentito con bizcochitos cubiertos de buen chocolate!-, ellas saltan de alegría, como si me entendieran, y corremos de regreso, felices, mientras el viento sopla fuerte el sol, que se derrama colorado del otro lado del horizonte..

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